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JF Alfaya
Superadministrador
Diamante Diamante

En una de sus intervenciones Pedro ha planteado una cuestión la mar de interesante: ¿qué diferencia a la joyería de la bisutería? Desde mi punto de vista hay dos nombres propios que son ineludibles al abordar esta cuestión.

Francia, 1804. Napoleón Bonaparte se convierte en emperador y la grandeur de la corte gala deslumbra a propios y extraños. La joyería brilla más que nunca gracias a la recuperación de técnicas olvidadas (el camafeo revive) y el perfeccionamiento de formatos de siempre (los aderezos -conjuntos de piezas con el mismo diseño- alcanzan una nueva dimensión).

Como es evidente, lucir las mejores galas no está al alcance de todos los bolsillos, sobre todo cuando la abundancia de compromisos sociales exige renovación constante. La demanda de réplicas se dispara y los joyeros que optan por trabajar con materiales baratos para imitar las joyas “de verdad” reciben el nombre de bijoutiers (en contraposición a los joailliers, que trabajan con materiales preciosos). Los bijoutiers aplican las mismas técnicas que los joyeros que trabajan con las materias primas más selectas, empleando materiales menos costosos para crear imitaciones. Como es evidente, nadie que se pueda permitir joyas genuinas va a lucir joyas “de segunda”: sería un descrédito inasumible. No es que las imitaciones sean nada inédito en el mundo de la joyería, pero tal pujanza no tiene precedentes.

Sin movernos de Francia, demos un salto en el tiempo a los felices años veinte. El diseñador de moda Paul Poiret introduce bisutería en sus colecciones y levanta gran revuelo, pero es Gabrielle “Coco” Chanel la que abre la caja de Pandora con sus collares de perlas falsas, combinándolos sin recato con collares de perlas naturales. Defiende que disponer de una amplia variedad de piezas de bisutería ofrece mucha más versatilidad para el estilismo femenino que contar con unas cuantas piezas de alto valor y la bisutería pasa de artículo vergonzante a producto que puede lucirse con orgullo y que está, además, tanto al alcance de las clases más pudientes como de las clases medias… de hecho, las personas adineradas evitaban vestir artículos muy caros/ostentosos en público y , sin embargo, podían ponerse su bisutería con total tranquilidad. Toda una ventaja.

Hasta hace no tantos años la línea divisoria entre la bisutería y la joyería estaba marcada con total nitidez: la primera era una imitación barata de la segunda, un mero accesorio de temporada. Hoy en día la distinción no es tan clara y podemos toparnos con piezas de bisutería que presentan precios más elevados que piezas de joyería tradicional, ya que entran en juego los atributos intangibles de los productos que se “materializan” en marcas. De igual forma que no es lo mismo un solitario anónimo que un solitario de Tiffany & Co, no es lo mismo una joyita sin pedigrí que una pieza de “alta bisutería” de Anton Heunis o Andrés Gallardo.

Llegados a este punto surge una pregunta más a considerar: ¿qué ocurre cuando combinamos materiales preciosos con materiales no preciosos, nos encontramos ante joyería o bisutería? Tres criterios básicos a continuación:

  • La forma en que han sido producidas (fabricación industrializada en el caso de la bisutería).
  • Su composición, considerando la proporción de cada material. Por eso una pieza de latón con un baño de oro no se considera una joya, ya que la cantidad de metal precioso es insignificante en comparación con el resto de materiales no preciosos y su finalidad principal es, además, “enmascarar” la materia prima principal.
  • Su durabilidad/calidad, ya que la bisutería es un complemento de moda diseñado para tener una vida útil corta.

La realidad es que establecer fronteras no siempre resulta sencillo… recordemos que el reputado arquitecto Frank Gehry ha diseñado joyería de cemento (y plata) para Tiffany & Co, que una marca de alta joyería como Hemmerle es conocida por su irreverencia, trabajando sin pudor con metales como el aluminio, o que gran parte de las firmas de alta joyería cuentan con piezas “experimentales”… por ejemplo, podéis buscar la pulsera de Piaget que incluye la piel entre sus materiales (resultado de su colaboración con Nelly Saunier), la colección «Woodworks» de David Webb (con maderas), las piezas de «porcelana indestructible» de Wallace Chan, la colección «Nature Triomphante» de Boucheron (con pétalos de flores) o la colección “Red Carpet 2018” de Chopard (que incluye un collar con plumas de avestruz). ¿Qué tienen en común las piezas mencionadas? Que combinan los materiales menos habituales con los materiales preciosos clásicos y, cómo no, son fruto de una manufactura exquisita.

¿Qué pensáis sobre todo esto, veis alguna diferencia entre joyería y bisutería?